domingo, 2 de noviembre de 2014

0007 EL REFLEJO.

EL REFLEJO.



Se despertó lentamente. Aún, un poco amodorrado se fue a lavar la cara. Se miró en el espejo que había en el soporte del aguamanil y se asustó. Era Koldun. Reconocía sus facciones de siempre pero no veía a Juan López Hvit sino a Koldun. Sus mismos ojos azules de siempre, su nariz familiar, sus rasgos acostumbrados, todo tal y como se había visto esa misma mañana. Pero ahora no era aquel joven bondadoso sino el monstruo que entre otras acciones era responsable del envenenamiento masivo en el reino de Alba o de instigar al zar a una guerra contra sus vecinos a cambio de ninguna ventaja clara y sí mucho  sufrimiento. Alguien que por pasar el rato se limitaba a dar malos consejos e instigar a unas persona contra otras. Pero, eso no podía ser. Esa mañana era Juan. Hizo muecas y el espejo se las devolvía. Reflejaba el físico tal y como lo veía. Solo parecía transformar su corazón que le decía insistentemente que era Koldun.

Desesperado recorrió con la vista el cuarto. Le era tan familiar. Su dormitorio en la casa de sus padres. Su querida ciudad de La Coruña. Y eso le tranquilizó algo. Cerró los ojos, inspiró  despacio, para relajarse y cuando los volvió a abrir se encontraba de nuevo en la estancia que ocupaba en la posada donde se alojaba al llegar a Byblomster. Había sido un sueño, un desasosegado sueño. Se levantó rápidamente, se aseó y se puso a trabajar.

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