Encontrar un tema interesante del que hablar no es fácil. Hacerlo bien, con propiedad y ameno es difícil. Que los demás lo lean y compartan es... casi imposible. Entonces, ¿por qué estoy escribiendo?. En mi caso porque lo necesito. Pero, ¿por qué lo comparto? ¿exhibicionismo?. No, no lo creo aunque no descarto que siempre es una motivación muy importante. Más bien creo que puede tratarse de una necesidad de reconocimiento. Queremos ser protagonistas al menos una vez en nuestra vida. Además a mí me gusta compartir lo que pienso, lo que creo, lo que imagino y lo que proyecto. Escribo poco porque no tengo más tiempo y cuando lo voy a hacer tiene lugar el aluvión y se precipitan las ideas, no una tras otra; todas tratan de salir a la vez.
Estaba en ello cuando se me ocurrió que hace mucho que no trato de “asuntos serios" como, por citar algunos, de sociologñía, historia o ecología. Durante mi "última etapa " me dediqué a inventar relatos que le gustasen a Isabel y de ahí surgió la serie que forman la saga sobre Satu. También un contubernio de cuentos breves ajenos a la misma. Todos ellos están formando un universo imaginario, complejo y plural. Muchos de los personajes intervienen en más de un relato y son los nudos de este tapiz. La parca, ahora, soy yo. Llegará el día en el que me decida a publicarlos y es posible que le encargue a Isabel que los ilustre. Podría ser yo quien se ocupase mas eso significaría buscar más tiempo y retomar una afición casi olvidada.
Nos olvidamos de muchas cosas a lo largo de los años. Sin embargo, todavía recuerdo cuando tomé la determinación de que estudiaría ruso. Sé que no he tenido ocasión de empezar pero una vez que termine con el curso de economía con el que estoy, me volcaré en ello. Para entonces debería ser mi propio jefe y poder presentar a mis asociados otro viejo proyecto: libros a medida. Ahora que nos rodea tanta tecnología veo por fin que la idea es factible. Además estoy pensando en cómo comercializarlos. Voy a tener que ir haciendo hucha porque la danza y su mundo no son baratos. Cada malla y cada tutú que viste Isabel se compran con mucho esfuerzo y, ni que decir de las puntas y las clases. Para los niveles más avanzados tendrá que dejarnos y trasladarse a la Península, a Madrid seguramente, donde aún tengo familia.
Pero volvamos al principio. Escribir no es fácil y sin embargo, a mí al menos, me es necesario. Creo que todos de una u otra manera lo hacemos alguna vez (y no me refiero cuando nos lo ponían como tarea en el colegio). Unos antes y otros después. Unos prosa y otros versos. Muchos lo callan y también un número significativo lo pregonan a los cuatro vientos. Aunque digan que no este es un país que lee y me consta que encierra una gran cantidad de poetas, novelistas, ensayistas, dramaturgos y demás gente del mundo literario. Sin embargo, la inmensa mayoría no lo ha pensado siquiera y, desde luego, no se han puesto manos a la obra. Es más cómodo sentarse a ver la televisión o pasar horas ante una videoconsola en una partida que sabemos que no vamos a ganar y viviendo las fantasías de otro sin dejar nada a la imaginación. Al leer también compartimos una experiencia que no hemos concebido pero a la que nos amoldamos y le damos nuestra visión particular. De alguna manera hacemos nuestras las palabras que encontramos y eso es lo que quiero que mi mundo particular sea un poco de todos.